¿Por qué Chile no clasifica al Mundial? Radiografía táctica, dirigencial y futbolística de La Roja
Chile quedó en el fondo de la tabla en las Clasificatorias Sudamericanas rumbo a 2026 y ya prácticamente dijo adiós a sus opciones de clasificar, por tercera vez consecutiva, a una Copa del Mundo.

La Selección chilena volvió a estrellarse contra la realidad: el sueño de volver a un Mundial se diluye y, salvo un milagro en las últimas fechas, quedará fuera de la cita planetaria de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá. Con apenas diez puntos en 14 fechas, el equipo de Ricardo Gareca es colista de las Clasificatorias Sudamericanas y, a diferencia de ciclos anteriores, esta vez no hay margen, ni fútbol, ni respuestas.
¿Cómo llegó Chile a este punto? ¿Por qué no logra competir con selecciones que alguna vez tuvo a su sombra? Las razones van más allá de los resultados. Hay una raíz táctica, una crisis de estructura y decisiones que hace años condenan el futuro de La Roja. Esta es la radiografía completa.
¿Cuántos Mundiales seguidos lleva Chile sin clasificar?
Desde su participación en Brasil 2014, La Roja no ha vuelto a estar en una Copa del Mundo. Quedó fuera de Rusia 2018, Qatar 2022 y, salvo un giro total, también de 2026. Tres procesos fallidos que reflejan una descomposición estructural que se ha normalizado dentro del fútbol chileno. A diferencia de otros países que han invertido en formación, estructura y profesionalización de sus selecciones, Chile parece estancado en los logros del pasado.
¿Qué falló en la Selección chilena rumbo al Mundial 2026?
La llegada de Ricardo Gareca generó expectativa. El "Tigre" llegaba con el cartel de haber llevado a Perú a un Mundial tras 36 años. Pero el impacto se diluyó rápidamente. En 14 partidos, Chile solo ganó dos (uno en el ciclo Gareca), y el equipo nunca encontró un funcionamiento claro. El esquema cambió varias veces, la ofensiva fue estéril y la defensa cometió errores básicos en momentos claves.
Las lesiones constantes, como la de Alexis Sánchez, y el nivel irregular de referentes como Arturo Vidal, limitaron aún más la capacidad competitiva. El DT nacido en Buenos Aires apostó por una transición suave, pero esa mezcla de experiencia en declive y juventud sin consolidar nunca cuajó.
¿Cómo influye la crisis dirigencial en el fracaso de La Roja?
La ANFP no tiene un plan maestro para selecciones. La inestabilidad institucional ha sido una constante. Desde 2015 a la fecha, Chile ha tenido siete entrenadores distintos en la adulta. No hay una dirección de selecciones potente ni un trabajo coordinado con clubes. La Copa América ganada en 2015 fue un éxito aislado, no el inicio de una era.
La falta de inversión en infraestructura, la nula articulación entre las series juveniles y la selección absoluta, y la escasa competencia internacional para los futbolistas chilenos explican parte del retroceso. Mientras países como Ecuador, Uruguay y Venezuela profesionalizaron su base, Chile quedó rezagado.
¿Hay una generación que reemplace a la dorada?
La Generación Dorada (Bravo, Medel, Isla, Vidal, Aránguiz, Sánchez) fue irrepetible. Pero el gran error fue no planificar su recambio. La Roja hoy depende de jugadores que no han dado el salto definitivo: Alexander Aravena, Darío Osorio, Rodrigo Echeverría o Gabriel Suazo tienen condiciones, pero carecen de experiencia internacional y roce competitivo de primer nivel.
Además, muchos de ellos no son titulares indiscutidos en sus clubes. Y otros han bajado considerablemente su rendimiento. La renovación llega sin liderazgo, sin estructura y sin un proyecto que los contenga.
¿Qué necesita Chile para no volver a fallar rumbo al Mundial 2030?
Chile necesita refundarse. Crear una dirección de selecciones con expertos en formación, detectar talentos a nivel nacional y en el extranjero, tener selecciones juveniles competitivas y dotadas de un estilo definido. Además, es clave apostar por un entrenador que trascienda resultados inmediatos, y que pueda desarrollar un proceso de verdad.
El fútbol chileno también debe exigir más a su liga local: elevar su nivel, cuidar sus canchas, profesionalizar a sus cuerpos técnicos, y apostar por un campeonato que fomente el desarrollo de jugadores.
Chile está pagando el precio de su inercia. La falta de planificación, el cortoplacismo y la dependencia de una generación irrepetible han condenado a La Roja a ver tres mundiales consecutivos desde casa. Si el objetivo es volver a competir, el cambio debe comenzar ahora. Y no con promesas, sino con decisiones valientes, estructurales y sostenidas en el tiempo.

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