La columna de Pelotazo: Deporte como forma de vida

Flamengo ganó la Copa Libertadores cuando todo parecía que River Plate se quedaba con la final.

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Cuando terminó la final de la Copa Libertadores fue inevitable recordar la definición de la Champions League 1999.

En el Camp Nou de Barcelona, Bayern Munich le ganaba por la cuenta mínima al Manchester United con gol de Mario Bassler (05:04). Todo iba en orden hasta el cierre del encuentro, pero los diablos rojos reaccionaron a tiempo con goles de Teddy Sheringham (90:35) y Ole Gunnar Solskjaer (92:17).

En el Monumental de Lima fue algo parecido. River Plate vencía 1-0 a Flamengo con gol de Rafael Santos Borré (13:55) y a dos minutos del término del partido parecía que el bicampeonato de América era un hecho. Sin embargo, los cariocas dieron vuelta el marcador con un doblete de Gabigol (88:14 y 91:23).

El segundo tanto del campeón fue el quinto más tardío que se da en una final de este torneo, sin contar alargues, y le permitió al Mengao ganar el título tras 38 años.

Razones suficientes para que el delantero brasileño sea idolatrado de aquí en adelante por los hinchas del Fla. Para completar la escena, el goleador tocó la copa antes del inicio del partido (pongamos fin a eso que quien lo hace pierde), fue expulsado antes del término del duelo por presuntas provocaciones, al recibir la medalla de campeón hizo un "pato yáñez" sin saberse a quién fue dedicado y se consagró como máximo artillero del campeonato con nueve anotaciones.

¿La figura de la final? Sin duda y del torneo también.

El mérito de Flamengo fue buscar hasta que Roberto Tobar marcara el término del duelo. River Plate jugó un gran partido, sobre todo en lo defensivo, donde pudo contener por casi todo el encuentro al ataque de los brasileños. En lo ofensivo, fue práctico: dos tiros al arco, un gol.

Y mientras más pasaba el tiempo, más fundamental era defender bien. Sin embargo, tuvieron dos errores y el rival los aprovechó. En una final no se permiten fallas y los tres goles se dieron por más yerros de las zagas que por aciertos de los atacantes. A ellos les quedó un espacio para definir y aprovecharon.

En ese sentido el título del "Fla" es una enseñanza de vida. A veces las cosas no se dan como uno quiere o uno planifica, pero ahí es donde más vale la tenacidad para no bajar los brazos.

Ahí fue fundamental la cabeza fría de los jugadores para no desesperarse pese a que la final se les estaba escapando de las manos. Y tuvieron su premio. Es cierto que la búsqueda no siempre termina con éxito, no obstante, jugar una final no es cosa de todos los días.

Hago el énfasis en esta forma de abordar los desafíos justo en la semana que Chile jugó las finales de Copa Davis. El equipo nacional no tuvo un rendimiento en relación a las expectativas que se tenían, pero al menos el jueves luchó por terminar el torneo de la mejor forma.

Para lograrlo fue fundamental la capitanía de Nicolás Massú, quien alentaba a sus jugadores sin importar que en un momento no hayan ganado ni partidos, ni sets. Hay que buscar aunque se esté dentro "de una pieza oscura". Él lo hizo en su carrera y ahora lo contagia a sus dirigidos.

Seamos así. Como Flamengo. Como Massú. Busquemos y no dejemos de buscar. Y motivemos a que otros lo hagan. Al final habrá satisfacción por lograr lo ansiado o al menos por haberse entregado por completo.