La columna de Manfred Schwager: El más valioso

El periodista de Al Aire Libre en Cooperativa analiza la influencia de Stephen Curry en los Warriors.

La columna de Manfred Schwager: El más valioso

Por Manfred Schwager, @mschwagerv

Cada año, la discusión sobre quién merece el premio al Jugador Más Valioso de la NBA está cruzada por una pregunta que alude a la base misma del galardón: si lo debe recibir el mejor jugador de toda la liga durante la fase regular, o aquel que se convierte inequívocamente en la clave del éxito de su escuadra en los primeros 82 partidos de la temporada.

Quienes se decantan por lo primero suelen apoyarse en las estadísticas, donde los promedios en puntos, rebotes y asistencias se constituyen en su principal argumento. Fue el caso de Russell Westbrook, que a punta de triple-dobles se quedó con este premio en 2017.

Los que concuerdan con la segunda apreciación tienen una tarea quizás más difícil, en tanto siempre hay al menos dos o tres franquicias que presentan candidatos dignos de consideración. Este año el elegido fue James Harden, el mejor jugador en el mejor equipo, pero LeBron James también pudo haber ganado tras cargar sobre sus espaldas, otra vez, a Cleveland.

Todo este preámbulo es para presentar las credenciales de Stephen Curry, el explosivo base de Golden State cuya presencia es el ingrediente ya no tan secreto para que los Warriors pasen de ser un equipo excelente a una fuerza muchas veces incontenible, y también la razón para los tres campeonatos en cuatro años que suman los de California.

No nos equivoquemos: el actual plantel de Golden State tiene varias figuras sobresalientes, que por sí solas son dignas de convertirse en referentes de cualquier equipo. Kevin Durant, Klay Thompson y Draymond Green son la clase de talentos que puede cambiar el curso de un partido o de una temporada.

Pero estos mismos jugadores, o el propio entrenador Steve Kerr, son los primeros en reconocer que Curry, el de mayor antigüedad en Oakland, es también el líder indiscutido dentro y fuera de la cancha.

Cuando está es muy difícil que pase inadvertido, ya sea con los triples a distancias inverosímiles y aparentemente sin esfuerzo, con los ataques acrobáticos al aro, o bien con sus variadas muestras de confianza que rayan en la soberbia, pero que proceden justamente de saber de qué es capaz.

Y cuando no está, los números lo demuestran, Golden State sufre. Recientemente se perdió 11 partidos seguidos por lesión, margen en que los Warriors ganaron cinco y perdieron seis, con cuatro derrotas en forma consecutiva y la historiada pelea entre Green y Durant.

O hace medio año, cuando se perdió 16 partidos en el cierre de la temporada regular en que la franquicia sufrió 10 derrotas y cedió el primer lugar del Oeste a unos Rockets que por poco los eliminan en sus finales de conferencia.

Por ahora es difícil argumentar que Golden State sea el mejor equipo de la temporada, considerando el gran nivel de Toronto, Milwaukee y Philadelphia desde que sumaron a Jimmy Butler. Pero Steph Curry, aunque ya lo haya obtenido dos veces, merece estar siempre en la discusión del MVP: sin él los Warriors serían sólo una franquicia más luchando por ser campeones de la NBA.