La columna de Leonardo Burgueño: Pizarro, con el espejo de Pirlo

La historia de por qué el volante porteño pasó de enganche a mediocentro se explica en Spalletti, quien tomó el modelo del volante italiano en el Milan de Carlo Ancelotti.

La columna de Leonardo Burgueño: Pizarro, con el espejo de Pirlo

Por Leonardo Burgueño, @leoburgueno

David Pizarro era el típico habilidoso. Jugador de pichangas interminables en el puerto. Ese que amagaba y dejaba desairados a los más "choros" del lugar.

No necesitaba un gran físico para imponerse. Su fortaleza estaba en esas piernas cortas y el enganche para avergonzar al más "gigantón". Para arrancar la sonrisa de cualquiera que iba a verlo a las canchas polvorientas.

El "Chico" llegó a la primera de Santiago Wanderers a los 16 años. Su juego se mantenía inalterable para ganarse un lugar entre los más grandes, donde le tocó compartir con figuras como Claudio Borghi.

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Los buscadores de talento de Europa ya lo tenían en la mira y se terminaron de convencer en el Sudamericano Sub 20 de Mar del Plata, donde fue elegido en el 11 ideal del torneo, junto a figuras que luego trascenderían como el portero Julio César, el defensa Paulo Da Silva, el volante Esteban Cambiasso y el delantero Roque Santa Cruz.

Udinese puso 1,8 millón de dólares y se lo llevó para Italia. Pero claro, los equipos no jugaban con enganche, y menos un cuadro chico y con Luigi De Canio en la banca. Su experiencia en la región de Friuli duró poco y fue enviado a préstamo a Universidad de Chile en 2001.

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Un par de goles con la camiseta azul parecían que levantaban al joven porteño, pero llegó la fractura en el quinto metatarsiano del pie izquierdo y se acabó su aventura en Chile.

Con el modelo de Pirlo

El inglés Roy Hodson lo recibe en Udinese de vuelta y su carrera empieza a cambiar, a pesar de que el equipo anda a los tumbos y tienen que reemplazar al DT por Gian Piero Ventura. Termina la temporada, donde se salvaron por un punto, siendo el futbolista del equipo con más partidos (31 de 34), junto al español Luis Helguera.

Su posición en la cancha ya no estaba tan adelantada en el 3-5-2 que mostraba. Ya no era el mismo de la "Roja" que enganchaba y volvía a amagar para provocar las "sugerencias dialécticas" de Iván Zamorano y Marcelo Salas, quienes le marcaban el pase y no recibían el balón.

El inicio de la siguiente temporada cambiaría para siempre la carrera futbolística de Pizarro, porque Luciano Spalletti regresa a Udinese y lo convence de jugar en una posición que estaba ocupando un volante de su misma edad en el Milan.

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Ese mediocampista se llamaba Andrea Pirlo y era un "10" clásico, que había surgido de Brescia, lo había comprado Inter y después de dos préstamos sin que se destacara, pasó al Milan a cambio del argentino Andrés Guglielminpietro.

Carlo Ancelotti lo vio y lo ubicó como volante central para aprovechar su pegada y su buena visión de juego. El "Arquitecto" no salió más de ese puesto y el Inter todavía lamenta aquel trueque.

Spalletti, el hombre clave

"Pizarro es nuestro Pirlo", expresó Spalletti en 2005, cuando lo dirigía en Roma.
"Yo siempre me llevé bien con los pelados", dijo ese mismo año, el volante porteño, en una entrevista a El Mercurio, en referencia a Spalletti y Nelson Acosta, el DT que lo llevó a Sydney 2000.

El actual entrenador de Inter no sólo lo retrasó en el campo sino que lo potenció. Juntos clasificaron a Udinese por primera y única vez a una Champions League (2005).

Su vida futbolística cambió para siempre. Lo que vino después es más conocido: apareció Inter y puso 18 millones de dólares para llevárselo. Otra vez se cruza con Spalletti en la Roma.

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Sus pasos por Manchester City, Fiorentina y su regreso a Chile después de 17 años. Una carrera brillante en Europa del "Pek".

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Ese mismo "Chico" Pizarro que comenzó como "Fantasista" (enganche) y terminó como "Regista" (mediocentro organizador).

Al final, unos metros más atrás fueron el impulso para avanzar mucho en su carrera.